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«Cuando
vestíamos de negro (1973-1981)»
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Orientaciones «Al leer Cuando vestíamos de negro lo primero que destaca es el sentido del humor y una ironía, a veces algo amarga. La ironía bien entendida empieza por uno mismo y esta receta la aplica el autor, con ejemplar maestría literaria, demostrando una vez más que el sentido del humor es patrimonio de personas inteligentes, razón por la cual la mayoría de los políticos carecen de él. Solamente por esta razón valdría la pena leer Cuando vestíamos de negro. Pero más allá del disfrute estético, de las situaciones a veces algo surrealistas, como la de los policías deteniendo a los militares, o de los manifestantes gritando “¡Ejército al poder!” en un Estado cuyo jefe era un general y cuyo presidente del gobierno era un almirante, de los apodos y falsos nombres en los que reconocemos a conocidos de toda la vida, y el excelente estilo, entre irónico y nostálgico, el libro puede dar lugar a interesantes reflexiones políticas, sociológicas e incluso psicológicas, sobre el tardofranquismo y la transición democrática. El historiador y periodista Xavier Casals, en su libro Ultracataluña, sostiene la tesis que la ultraderecha catalana ha sido la más innovadora desde el punto de vista intelectual precisamente por su situación de absoluta orfandad, no solamente política, sino también social. A diferencia de Madrid o de Valencia, ciudades donde un difuso bunker social, de carácter ultra conservador, da apoyo, aliento (y medios económicos) a la ultraderecha juvenil activista, en Barcelona, y por extensión en Cataluña, no sucede nada parecido.» [Del prólogo de José Alsina Calvés] |
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Índice ●
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